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| Un llamado a la formación espiritual San Antonio, 2009 La formación espiritual cristiana es el proceso por medio del cual el Espíritu Santo moldea al creyente a la imagen de Cristo y lo llena de amor por Dios y por el mundo. | Dios nos llama a conformarnos a la imagen de Cristo. Jesús dijo: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”. Experimentamos esta abundancia de vida – aquí y ahora- en la medida que nuestras pasiones, carácter, entendimiento y relaciones se alinean cada vez más a las de Cristo. Esta transformación es un proceso interno y externo que dura toda la vida y es un don permanente del Espíritu de Dios. Somos llamados a renovarnos para alcanzar la semejanza de Jesús, pero no siempre abrazamos completamente este llamamiento. A veces parecemos conformarnos con ser llamados “cristianos”, pero sin comprometernos intencionalmente con el trabajo del Espíritu Santo en nuestra vida. Otras veces ansiamos desesperadamente una nueva manera de vivir y deseamos crecer en nuestro caminar con Jesús, pero necesitamos ayuda y ánimo. Entonces nos comprometemos a buscar apasionadamente y a recibir gozosamente la gracia de Dios para ser completamente transformados a la imagen de Jesucristo. | | Juan 7:37–39 *Juan 10:10 Romanos 8:29 1 Corintios 11:1 1 Corintios 15:49 2 Corintios 3:17–18 2 Corintios 4:16–18 2 Corintios 5:16–21 Gálatas 4:19 Efesios 1:3 Efesios 3:16–19 1 Juan 3:2 1 Juan 4:17 | A medida que nos arraigamos en Jesús y el Reino que Él proclama, somos transformados progresivamente. Jesús es el centro de la vida y de la historia, el origen y meta de la creación. Dios diseñó este universo como un lugar para que floreciera el amor y la vida de Jesús. Debido a que fuimos creados a imagen y semejanza de Dios, poseemos la capacidad de recibir y expresar esa vida y ese amor. Aunque la desobediencia humana corrompe la imagen divina en nosotros, Dios, aún forma un pueblo capaz de amar al Señor su Dios con todo el corazón, con toda el alma, con toda su mente y con todas sus fuerzas y capaz de amar a su prójimo como a sí mismos. Esto es posible por medio de la vida, la muerte y la resurrección de Jesús. Por medio de él experimentamos una relación de amor con Dios y con el prójimo restaurada y una transformación continua a su semejanza. Nos convertimos en una comunidad reconciliada y renovada, lo cual es la meta y la esencia de la vida en el Reino de Dios. Estas son las buenas noticias que proclamamos con gozo al mundo entero. | | Génesis 1:26–28 Génesis 3:1–7 Proverbios 8:22–31 Isaías 42:5–9 Jeremías 31:33–34 Marcos12:28–34 Juan 1:1–18 Juan 13:34–35 Romanos 5:9–11 Romanos 8:1–11 Romanos 8:19–23 Efesios 2:11–22 Colosenses 1:9–23 1 Tesalonicenses 5:23 1 Juan 2:7–11 | Nuestro compromiso con la gracia transformadora de Dios es vital. La renovación a la imagen de Cristo no es un logro humano, es un don de gracia. Dios en su misericordia utiliza todas nuestras experiencias, inclusive el sufrimiento y las pruebas para enseñarnos y transformarnos. Aun así, la transformación requiere nuestra participación y esfuerzo. Es necesario estar dispuestos al trabajo del Espíritu Santo en las experiencias de la vida, particularmente a través de un compromiso intencional con disciplinas cristianas históricas, incluyendo la Palabra y los sacramentos. Estas prácticas nos abren a la presencia y la gracia de Dios. Como resultado, a través del tiempo y las experiencias, llegamos a ser personas que expresan naturalmente amor, gozo, paz, la paciencia, bondad, benignidad, fe, mansedumbre y dominio propio. | | Mateo 5:43–48 Mateo 11:29–30 Lucas 6:40 Juan 7:38 Juan 15:5–17 Romanos 12:1–2 Gálatas 5:16–25 Filipenses 2:12–13 Filipenses 3:12–16 Tito 2:11–14 Hebreos 5:13–6:1 Hebreos 12:7–13 Santiago 4:7–8 1 Pedro 2:2 1 Pedro 4:1–2 | La formación espiritual se desarrolla en comunidad. Cuando anhelamos conocer y seguir a Jesús; cuando buscamos ser transformados a su semejanza; emprendemos un viaje en compañía de otros que comparten este mismo anhelo. Dios llama a la iglesia a ser un espacio de transformación. Aquí luchamos por cumplir (responder – obedecer) nuestro llamamiento al amor. Aquí somos dirigidos por la presencia de Dios entre nosotros. La comunidad espiritual es el catalizador para nuestra transformación y es la base sobre la cual somos enviados al mundo a nuestra misión de amor. | | Mateo 18:20 Lucas 6:12–19 Juan 17:20–26 Hechos 2:42–47 Romanos 12:4–8 1 Corintios 12:1–7 Gálatas 6:1–2 Efesios 4:1–16 Hebreos 10:23–25 1 Pedro 2:4–10 | La formación espiritual es, por naturaleza , misionera. Cuando somos formados a la semejanza de Cristo, compartimos cada vez más el tierno amor de Dios para con otros. Profundizamos en nuestra compasión por los pobres, los quebrantados, y los perdidos. Sufrimos, oramos y trabajamos para otros en una nueva manera, una manera generosa, una manera que llena de gozo. Nuestros corazones se abren hacia todas personas y hacia toda la creación. | | Isaías 60:1–4 Mateo 5:14–16 Mateo 28:18–20 Juan 3:16–21 Juan 20:21–23 2 Corintios 5:20 Gálatas 6:10 1 Juan 4:7–21 | Invitamos a todas las personas, en todas partes, a responder juntos a este llamamiento a transformarnos a la imagen de Jesús. Por la gracia de Dios, procuraremos amar: amar a Dios, amar a las demás personas y amar a toda la creación. Adoptamos un estilo de vida que está atento y es sensible a la amorosa presencia de Dios. Nos comprometemos con la amada comunidad de Cristo, la iglesia, para que podamos aprender juntos esta manera de amar. Te rogamos que te unas a nosotros.
Para firmar y/o bajar “Un llamado a la formación espiritual”, ve a: http://ACallToSpiritualFormation.info | | Mateo 5:1–10 Mateo 13:44–46 Marcos 1:15 Lucas 9:23–24 Romanos 12:1–2 2 Corintios 6:1 1 Timoteo 6:11–12 Apocalipsis 21:2 Apocalipsis 22:17 |
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